Con las manos expertas del alfarero se daba forma a tinajas, orzas o lebrillos, era una actividad esencial que producía utensilios de uso cotidiano: que servían para el almacenamiento de agua, vino y aceite o la cocción de alimentos.
Para la cocción de la terracota, la alfarería contaba con dos hornos morunos construidos con ladrillos de adobe, y entre los materiales de combustión se utilizaba leña de Sierra Espuña, cáscara de almendra y huesos de aceituna.